El 2026 que nos espera
El triunfo electoral de octubre le dio oxígeno a Javier Milei, sorprendió a la oposición y reacomodó el tablero pero cuidado, el efecto shock dura poco, todo buscará reacomodarse y ya se ven signos en ese sentido.
Lo ocurrido en el Congreso con el Presupuesto y la reforma laboral muestra a las claras que las cartas se han barajado y comienza un nuevo juego de poder, con negociaciones que para algunos podían ser sorprendentes pero que son parte de la política, como las designaciones en la AGN que tanto irritaron al Pro y otros aliados y el remanido financiamiento por votos.
Para la Libertad Avanza es más factible entablar negociaciones con el kirchnerismo que con el Pro, y aunque parezca ilógico es razonable, tienen mayor poder de fuego a la hora de confrontar.
Tanto el desenlace del Presupuesto como la Reforma Laboral serán fundamentales para conocer hacia donde se dirigirá la conducción política del país, reflejarán la correlación de fuerzas post-2025 y marcará la cancha para el año electoral que se avecina.
La relación Nación-Provincias será clave y ya se perciben los movimientos del Ministro del Interior Diego Santilli durante diciembre, los encuentros con gobernadores y la billetera algo más permeable facilitará cosas pero habrá otras que no, como pasó en diputados en temas referidos a discapacidad y universidades. Puede haber crisis fiscales provinciales que tensionen al gobierno nacional o todo lo contrario, le permita negociar para lograr sus objetivos.
En lo que respecta a seguridad no se percibe margen para cambios, ha sido y será una de las principales banderas del oficialismo, pero si se generan escenarios de conflicto -y la agenda prevista los tendrá- las consecuencias podrían no ser satisfactorias.
La gestión de la deuda y el acuerdo con el FMI parece ir sobre rieles, pero… es Argentina, los factores que no controla el gobierno pueden dar sorpresas como sucedió previo a las elecciones de octubre, de todas maneras mientras Milei cumpla con las prioridades planteadas desde los EEUU no habría sobresaltos.
2026 será un año dual. El primer semestre estará dedicado a implementar (o bloquear) el mandato de las urnas de 2025. Su segunda mitad será, como habitualmente sucede, completamente absorbida por la lógica de la sucesión presidencial de 2027, lo que congelará o contaminará la capacidad de acuerdo legislativo.
Lo que no se puede dejar de mencionar y hasta el momento fue obviado, es el contexto social y económico que atraviese a la población, principalmente en aquellos sectores cuya decisión electoral no está atada a ideologías ni compromisos partidarios.
¿Cuál será el clima predominante? ¿Habrá una sensación de recuperación económica, estancamiento o empeoramiento?
Resulta contradictorio que mientras la difusión de datos macro plantea un escenario favorable para el país, en la micro muchos ciudadanos no perciben esa realidad ni en sus bolsillos ni en sus vidas, el conocido estamos mal pero vamos bien parece resurgir de las cenizas.
En la última elección los votantes puede que hayan emitido su sufragio en contra de más que a favor de otra opción, pero esos compromisos se toman con pinzas, si las mejoras no se percibieran en lo cotidiano quizá y solo quizá, puedan cambiar de parecer.
No sería un ciclo desconocido para la Argentina.
(Imagen: Istock)
Fernando Goyanes









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