Una que pagamos todos… El IVA! - Parte 2 y final

Una que pagamos todos… El IVA! - Parte 2 y final

 

Gerardo C. Goyeneche

Contador Público CPCESC

Matrícula Nº 809 T IX Fº 809

 

En la columna anterior, quedamos en que el Impuesto al Valor Agregado lo paga el Consumidor Final: vos, yo, el empresario cuando no es empresario y el Monotributista.

 

Y nos preguntamos: Si el empresario, como tal, no paga este impuesto. ¿Por qué el IVA es el ¨cuco¨ de emprendedores, comerciantes y empresarios pequeños, medianos y grandes?

 

La misión de los productores, comerciantes, transportistas, distribuidores y otros miembros de la cadena de producción y distribución de bienes y prestación de servicios -siempre que revistan la calidad de Responsables Inscriptos en el Impuesto al Valor Agregado- es la de liquidar el impuesto resultante entre el IVA que abona a otros Responsables Inscriptos y el que el cobra a sus clientes y pagar al fisco el saldo.

 

Una vez al mes el Responsable Inscripto suma la totalidad del IVA cobrado a sus clientes, el que él agregó en su etapa de la comercialización y todo el impuesto abonado a otros Inscriptos al momento de comprar o contratar servicios a terceros y ese saldo resultante, es el que debe abonar a ARCA.

 

De esta forma lo que él paga o deposita es el resultado de la suma (o resta) del impuesto de terceros (sus clientes) que recaudó en todas sus ventas, neto del impuesto que él mismo abonó en todas sus compras y contratación o locación de servicios.

 

Vamos con un ejemplo, imaginemos una emprendimiento que se dedica a la venta de muebles, y durante febrero del año 2026 la totalidad de sus operaciones fue la compra de una mesa por $100,00 más IVA, ($121,00) que le abona a su proveedor.

 

En el transcurso del mes logra vender la misma mesa a un cliente por un total de $181,50 que equivale a la suma de $150,00 más $31,50 en concepto de IVA.

 

Llegado el momento de liquidar el IVA el cálculo será $31,50 - $21,00 debiendo a abonar a ARCA la diferencia de $10,50 que representa el 21% (veintiún por ciento) del Impuesto al Valor Agregado sobre su ganancia de $50,00 -precio de venta al público menos precio de compra a su proveedor-.

 

El inconveniente que solemos encontrar es que, en la dinámica de la actividad productiva o comercial, es prácticamente imposible que los contribuyentes puedan ¨ahorrar¨ esos fondos que no le pertenecen pensando en que a fin de cada mes deberá depositárselos a ARCA, entonces llegado el momento del pago, si no pudieron generar ese ahorro, posiblemente sea difícil para algunos de ellos abonar las sumas resultantes.

 

Además, en la realidad comercial, muchas veces las ventas se financian en hasta treinta o sesenta días, de esa manera el impuesto que se incluye en cada venta y que el próximo mes deberemos trasladarle al Fisco, se encuentra aún pendiente de cobro o puede suceder que, por la cuestión que sea -quiebra, dificultades económicas del cliente o hasta fraude o estafa- nunca opere el cobro real.

 

Sin embargo, esa dilatación en los plazos de cobro no es tenido en cuenta por el organismo que recauda, y muchas veces estamos liquidando y depositando un impuesto que quizá cobraremos en los próximos meses.

 

Claro que, en el caso del impuesto que nos han cobrado en nuestras compras y contrataciones, puede operar el mismo patrón y quizá el liquidador vaya a deducir o descontar del impuesto a pagar créditos que aún no haya abonado realmente.

 

Muchas veces con los clientes debemos evaluar la posibilidad, necesidad u obligatoriedad de inscribirse en el Impuesto al Valor Agregado y ante el temor que suele generarse trato de resumirlo de la siguiente manera: La receta perfecta -pero imposible de llevar a cabo en la práctica- consistiría que día a día el emprendedor o comerciante logre calcular esa diferencia entre las ventas y compras de la jornada y separar ese dinero para el día que deba liquidar y abonar el impuesto.

 

Para finalizar es importante destacar que el hecho de tener que abonar el IVA, por lo general, representa que una empresa está sana y generando una ganancia o beneficio, que se manifiesta en esa diferencia entre el IVA de sus Ventas y sus Compras, aunque en muchas oportunidades, por cuestiones operativas -grandes compras para generar stock al inicio de la temporada o la adquisición de máquinas, equipos o instalaciones- pueden generar un IVA derivado de las compras que supere al de las ventas y le genere al Responsable Inscripto un Saldo a Favor que en algún momento debería revertirse con la venta de esas mercaderías o la mejora en la operación que produzcan esas inversiones.

 

El IVA, entonces, no es el monstruo que muchos suponen, pero en el marco de economías complejas como la de nuestro país, en muchos casos puede generar ciertas distorsiones o complejidades en las finanzas de las empresas.