Soneto acuartelado

Soneto acuartelado

Se acuartela la yuta allá en el Sur,
y el barrio queda solo en la cortada;
la ley, con gesto turbio de pavura,
se hace la sota y firma retirada.

No cruza un vigilante la negrura,
no suena un silbo al fondo de la nada;
la noche, compadrita en su amargura,
deja la calle abierta y entregada.

El poder, que batía mano dura,
hoy mira desde adentro del portón;
se le cayó la chapa y la bravura.

Y el cuartel, como espejo del patrón,
muestra al botón preso en su armadura:
guardián de nadie, reo del montón.

Pablo Ferro